Hace frío y levantarme a las 6 de la mañana me cuesta trabajo.
Mi reino por unos minutos más de sueño. Hago un poco de quehacer y me baño para después partir con mi hermana rumbo al trabajo. Hay veces en que se me hace tarde y me voy por mi cuenta pero se me hace muy tarde y llego retrasada.
Tranquilidad en el trabajo, es decir que sigo sin tener demasiado que hacer y aparte no tengo una jefatura bien definida. Es decir, tengo varios jefes, lo cual no sé si sea bueno o malo, sólo es.
Esta semana estuve papaloteando, que en castellano significa que estuve en varias cosas a la vez y distrayéndome un poco, creo que me hacía falta después del ritmo que había llevado. Sin embargo este ritmo lento me provoca hastío, se me hace un poco pesado y los proyectos que tengo en mente los voy dejando, sufro de procastinación, es decir, dejo todo para después o para mañana.
A veces me sermoneo y he intentado muchas veces luchar contra este desgastante defecto, de verdad. Pienso en el carpe diem, en que no soy inmortal y trato de darme un empujón pensando que vita brevis pero nada. ¿Será que no quiero aceptar que soy mortal o alguna cosa así? ¿Pensaré que siempre habrá un mañana? Tal vez sea todo esto, para mí la vida sí es un sueño, como dice Calderón de la Barca, y siento que siempre despertaré.
Bueno, a veces yo también me siento así, con esa pereza para hacer las cosas.
ResponderEliminarYo más bien tengo mucha resistencia a hacer las cosas que me gustaría hacer como pintar y escribir. Lo cual no es nada bueno.
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